¿En qué consiste el despido silencioso o Quiet Firing?
Aunque no es un término muy común, el despido silencioso o quiet firing no es una práctica nueva. Se trata de un escenario laboral que ha ido transformándose y adaptándose a los nuevos tiempos, sobre todo a raíz de la pandemia. A pesar de ser una figura que no esta regulada en nuestro ordenamiento jurídico, es una práctica empresarial cada vez más extendida.
Nos encontramos ante un despido silencioso cuando la empresa no le comunica directamente al trabajador la intención de extinguir su contrato. En lugar de ello, la empresa recurre a tácticas de presión y a crear un ambiente hostil y tóxico para que el trabajador renuncie voluntariamente a su puesto de trabajo. Es decir, el principal objetivo es que el trabajador deje la empresa por sí mismo evitando, de esta forma, pagar una indemnización por despido. Se trata de una estrategia y práctica laboral realizada en secreto para que parezca que el trabajador renuncia de forma voluntaria.

¿Cómo identificarlo?
Aunque se trata de una práctica difícil de detectar al principio, hay señales que nos podrían estar indicando que se está llevando a cabo, como por ejemplo:
- Se le asignan tareas y funciones poco relevantes. Va perdiendo, de forma gradual, todas aquellas funciones que realizaba en su puesto de trabajo.
- Deja de tener a su alcance las herramientas necesarias para llevar a efecto su trabajo.
- No se le ofrecen oportunidades de crecimiento, desarrollo o formación profesional.
- Se le culpa reiteradamente de errores que no son de su responsabilidad o que no le competen.
- Se le critica constantemente todo su trabajo.
- No se le retribuyen los aumentos de sueldo prometidos , las horas extras o nuevas responsabilidades.
- Se le excluye de reuniones y proyectos importantes.
- Desaparecen los ascensos que la empresa le había prometido.
- Cambios en el turno o en el horario habitual de trabajo.
- Aumento y sobrecarga de trabajo inasumible e irracional y sin justificación.
- Otorgarle su plaza de aparcamiento, taquilla o despacho a otro trabajador.
- Reconocer su mérito y esfuerzos a otro trabajador.
- No se le valora positivamente a pesar de haber logrado los objetivos establecidos.
En definitiva, se trata de que el trabajador no se sienta cómodo ni motivado para continuar trabajando en la empresa.
¿Qué motivos llevan a las empresas a utilizar este tipo de práctica?
Existen numerosos motivos que pueden llevar a las empresas a emplear esta técnica, entre ellos los más comunes son:
- Eludir toda la tramitación que conlleva el despido, así como los costes que supone despedir a un trabajador. Muchas empresas no pueden permitirse despedir de manera formal a un trabajador debido a su situación económica. Como consecuencia, no dudarán a la hora de emplear esta técnica si con ello consiguen ahorrarse los costes del despido.
- Evitar la mala imagen y la publicidad, de cara al exterior o ante el resto de la plantilla. De esta forma, la empresa protege su imagen corporativa.
- Reorganización del organigrama. En ocasiones, el perfil del trabajador no encaja en el nuevo organigrama de la empresa, por lo que ésta decide prescindir del empleado.
- Mala, nula o pésima relación con el trabajador. Ante esta situación, para evitar situaciones y conversaciones incómodas y difíciles, la empresa considera que es más fácil llevar a efecto la técnica del despido silencioso, que optar directamente por el despido formal.

¿Cómo afecta al trabajador el despido silencioso?
El impacto de esta técnica no debe normalizarse ni ignorarse. Las consecuencias del despido silencioso para el trabajador suelen ser notablemente devastadoras, tanto a nivel emocional como económico. Como consecuencia de esta estrategia, el trabajador puede sufrir:
- Altos niveles de ansiedad y estrés laboral.
- Pérdida de motivación y autoestima profesional.
- Aislamiento social.
- Inseguridad económica.
- Deterioro en la salud mental.
Por otro lado, el empleo de esta táctica no solamente tiene consecuencias negativas para el trabajador. También puede tener consecuencias legales para la empresa por considerarse una práctica ilícita.
En definitiva, se trata de un arma de doble filo que crea un ambiente de trabajo tóxico e impacta negativamente en la reputación de la empresa a largo plazo.
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